Cinco prestigiosos restaurantes de Meco (La Galatea, O'Bogavante, Don Pedro,
Sánchez y D'Madrid) participarán del 8 al 14 de marzo en la
edición de la I Bula Gastronómica. Estas jornadas se organizan por primera vez y
pretenden unir la calidad culinaria de la hostelería del municipio con uno de
los episodios más conocidos de la historia de la Villa, la Bula de Inocencio
VIII, de 1487, que permitía a los mequeros aliviar su ayuno debido a la escasez
de pescado por la lejanía del mar.
Cada día, uno de los establecimientos participantes ofrecerá a sus clientes un menú especial al precio de 38 euros (IVA incluido) y los
cinco restaurantes volverán a poner sobre la mesa esa carta el fin de semana
como broche final a esta I Bula Gastronómica de Meco. La Villa mostrará así su
diversidad culinaria en las diferentes especialidades de los establecimientos
participantes.
Cada uno de los menús estará compuesto por unos entrantes que abrirán boca
para poder continuar con unos platos en los que las carnes y los pescados serán
los verdaderos protagonistas. Postres tradicionales y una excepcional carta de
vinos completarán la oferta de los participantes en la I Bula Gastronómica y que
pone de manifiesto la revolución culinaria que se cuece en el municipio.
La celebración de estas jornadas ha sido posible gracias a la
implicación de los cinco restaurantes participantes, que han contado con la
colaboración de la Asociación de Empresarios (AEMME) y el Ayuntamiento de
Meco.
Meco, una villa privilegiada
Mucho se ha hablado y escrito sobre la Bula de Meco. En
realidad, como refleja Francisco Javier García Gutiérrez en su libro Historia de
Meco, la Villa ha sido a lo largo de su devenir un lugar de importantes
privilegios en la observación de las normas eclesiásticas, que se han
interpretado con laxitud a lo largo del tiempo. "La auténtica Bula" es la que el
Papa Inocencio VIII concedió en 1487 a Meco a petición del segundo Conde de
Tendilla, Íñigo López de Mendoza, embajador en Roma por la época y, a la sazón,
sobrino del Arzobispo de Toledo por la que se liberaba a los mequeros del ayuno.
El noble solicitó al Papa el alivio de ayuno para los habitantes de Meco
"(...) encontrándose a gran distancia del mar y habiendo, por consiguiente,
escasez de pescado, para que cómodamente puedan sustentarse los Viernes y ayunos
los vecinos y demás moradores (...)", según consta en la única referencia que
existe del texto, de 1921. Por eso, Inocencio VIII ordenó que "(...) puedan libre
y lícitamente, comer huevos y lacticinios, sin que se entienda por esto que
quebrantan el ayuno e incurren en pecado alguno, sobre lo cual concedemos una
plena y libre facultad a los mismos vecinos y moradores de usar a su placer esta
licencia (...)".